Mi Muñeca Soy Yo

Rocker Barbie

Recuerdo exactamente ese olor a juguete nuevo y que mi corazón saltó cuando abrí la caja rosada y ahí estaba. Rocker Barbie tenía una chasquilla enorme, smokey eyes en negro, labios rojos, un crop top fucsia cubierto de estrellas plateadas, con leggins del mismo color y tacos rosados. Era lo mejor del mundo. Y podía pasar horas vistiéndola porque las Barbies siempre eran glamorosas, no lloraban, no pedían comida, ni se hacían caca como las otras muñecas.

Jem and The Hollograms era sagrada los fines de semana y ese opening nunca ha dejado mi cabeza: “La música nos puede cambiar”. Jem tenía un largo pelo rosado y escalonado, además de una doble vida. A veces era Jerrica Benton, la heredera del sello discográfico Starlight Records. Y a ratos, una glamorosa estrella de rock que tocaba canciones increíbles y cursis, so 80s ❤

Tuve a mi muñeca de Jem cuando mi hermana nació. Probablemente mi mamá pensó que no me pondría celosa si mi nueva compañera me traía un regalo. Y aunque amé a mi hermana desde el día 1, Jem era insuperable y encima venía con un casette (sí, casette y a mucha honra!) con todas las canciones de la serie. Qué felicidad.

Jem

Madonna

Íconos que te marcan desde la infancia y se quedan contigo, por siempre.  Cuando no estaba disfrazada de Jem, negándome rotundamente a aprender caligrafía, estaba vistiendo a mis Barbies y mostrando un especial interés por los abrigos peludos y las telas metálicas. En mi vida cotidiana, por supuesto que no me vestía como Rocker Barbie, pero le pedí a mi mamá un cintillo parecido al que Maddonna llevaba en los 80s y ese, darlings, era mi básico xD .

El problema empezó cuando aparecieron los hombres. Siempre pensé que eran criaturillas irritantes y brutas y en el jardín mi respuesta era defenderme, siendo doblemente agresiva. Algo, por supuesto, super femenino.  Cuando crecí un poco y sentí que los niños me miraban con ‘otros ojos’ todo se volvió una pesadilla y entonces tomé la decisión de asaltar el closet de mi papá y vestirme con sus camisas escocesas y ropa ancha para que ninguno se atreviera a mirarme. Qué Atroz. En ese entonces, mi mamá y mi abuela habían perdido toda esperanza conmigo.

Lita Ford

Pasé 4 años vistiéndome como niño y honestamente, no me interesaba ningún hombre que no fuera Joe Perry  pero un día leí una entrevista a Lita Ford, donde ella decía que le encantaba ir de compras y que amaba los zapatos. Fue liberador. Eso significaba que podía volver a ser Jem y armar looks maravillosos.

Maravillosos en mi cabeza. Rotundamente desaprobados por mamá y abuela. El look ‘bataclana’ es aquél por el que toda teenager pasa en algún momento, cuando no entiendes el balance entre ser femenina pero no hipersexual.

Circa 1998 yo era un desastre. Usaba mucho maquillaje, abrigos peludos combinados con telas pesadas y no sabía nada de tallaje o calce. A los 17, me veía como una vieja excéntrica.

Después vino la etapa de la maldad , en la que en mi closet no había ropa que no fuera negra pero me aburro fácil y lo cierto es que ser parte de una contracultura debiera darte identidad pero al final la pierdes cuando te empiezas a ver igual que todos tus amigos.

Y ya entrando a tu vida adulta solamente quieres ser tú. Pero me costaba no ir de extremos a extremo porque mi estilo aún no estaba definido. Entre ensayo y error, mi cabecita explotó cuando vi a Kate Moss enfundada en un vestido de cuero negro. Ella, con ese garbo y desenfado que no son prendas pero que hay que saber vestir bien. Ella, en el front row de un desfile de Miu Miu, en el apogeo de su relación con Jamie Hince, guitarrista de The Kills.  La Moss y yo teníamos algo en común. Yo quisiera que fueran sus contratos millonarios o esos pómulos pero no era eso. A las dos nos encanta el rock. Ella era la mezcla perfecta, la prueba de que el estilo no se tranza, que la elegancia puede llevar tachas y cuero y sonar a distorsión.

Hoy,  makeup artist y asesora de imagen, creo sobre todo en la depuración del estilo propio como herramienta de comunicación no verbal. El aprendizaje nunca termina pero es posible llegar a un punto en que las influencias y gustos que nos definen colindan con nuestra personalidad y cuando eso pasa, te miras al espejo y sonríes y nada te sobra o te hace ruido.

Un poco de Barbie, un poco de Jem, un resto de Bowie y otro de Joan Jett.  La música nos puede cambiar. El viaje es desde adentro hacia afuera y un día te miras al espejo y te das cuenta de que la muñeca a la que vistes, eres tú misma.

 

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